Quienes leyeron y conocen mi historia saben que no estoy aquí por capricho, o quizás no pensaban que pudiera sobrevivir. Lo sé, no es una historia fácil de creer o entender, muchos pensaron que había muerto, o que por mi frase al final del libro estaría en la cárcel, les puedo asegurar que no, aquí estoy y aquí me quedaré, sigo más fuerte que nunca y con muchas más ganas de vivir. Sé que muchos se preguntaran ¿y por qué?, y puedo decir que no lo sé, quizás el dolor fue tan grande, que cuando quise olvidarlo ya no sentía dolor, y hoy decido iniciar este diario para concluir  mi historia. 

!Escribiendo para olvidar!, si, como no, como si eso ayudara a sanar las heridas. 

Es tan fácil decirlo, tan fácil como tomar el borrador y borrar la frase que no me gusta, pero es tan difícil explicarlo, pues no se puede dar una razón obvia del porqué  querer escribir sobre  algo, que en el pasado te hizo daño y que hoy no quieres recordar. Contar una historia no es fácil y menos cuando se trata de una propia. 

No es fácil haber sido víctima de maltrato y abuso sexual, y menos cuando el actor principal de ese sufrimiento es tu padre y un par de hombres más, muchos juzgarán mi actuar por hablar de mi vida, o por hacer público este diario personal, quizás pensaran que lo hago por publicidad, o para dar lástima,  como alguien en un momento me lo expresó, pero quiero aclarar que no es así. No tengo la menor intención en ninguna de las dos, mi historia simplemente es plasmada para dar conciencia, con ello espero ayudar a muchas mujeres más que  pasaron o pasan estos capítulos en su vida. 

No soy psicóloga o terapeuta, solo soy una voz viviente de lo que en realidad el infierno es, no hablo del infierno de castigo divino, hablo del infierno que una mujer puede vivir sin quererlo ni pensarlo en cualquier etapa de su vida.