Hoy por fin te puedo volver a escribir mi querido diario, ya han pasado tres meses y trece días desde la última vez, no sé si puedas dar cuenta de todo lo que he tenido que pasar y por qué no te había podido sacar, pero hoy que por fin te pude desempolvar te contaré.
Ya no vivo con mi padre, ahora me encuentro en una finca un poco retirada de la ciudad, no creas que estoy secuestrada o que por fin me escapé, me habría gustado poder hacerlo, pero salir de las garras de mi padre no es nada fácil, pues no me equivoqué cuando dije que sería su esclava, pues con llave como cuando era niña volvió a pasar, pero bueno, eso de nada importa ya, más bien te voy a contar cómo es que de la casa de mi padre logre salir ilesa. Jaja, ilesa es un término relativo, pues aún mi salida de casa tiene que ver con el ¨apoyo¨ de mi papá.
¿Recuerdas la última vez que te escribí?, cuando te hablé del nuevo negocio familiar, pues la verdad les fue muy bien, atrajeron muchos clientes de todos los negocios y talleres del rededor, y adivina qué, mi trabajo cada día fue más y más, hasta llegar al punto de dormir solo 4 horas en la noche, sé que es un poco exagerado quizás, pero es la verdad, pues aparte de trabajar en la cocina del local, en la noche debía ir a trabajar con mi papá, ¿recuerdas el restaurante aquel donde me llevaron a comer la primera vez que llegué a esa ciudad?. Pues bien, mi padre en las noches ahí debía trabajar, tocando su guitarra y cantando, y pues como en los viejos tiempos a mi igual me tocó.
Me compró un hermoso vestido morado de una sola manga que tenía muchos prenses, lucía como una sirena, y con él, desde el día jueves y todo el fin de semana yo debía trabajar cantando, llegaba tipo dos de la madrugada a casa y a las cuatro u cinco volverme a levantar a trabajar para el local. Sé que no es vida para una niña, pues yo debería estar estudiando, pero pues con la necedad de mi padre no se puede pelear. La verdad, disfruté ir a trabajar en la noche, pues esas horas eran las únicas en que mi padre me trataba bien, pues le daba pena que su jefe lo viera maltratándome, aunque no lo crean, mi padre de vez en cuando se cuidaba de eso. Pero bueno, ya hoy no sirve de nada hablar de eso, más bien continuo contando cómo llegué hasta aquí.
Hoy estoy a 4 meses y 10 días de cumplir mis 14 años, y hace una semana salí del hogar de mi padre, (claro, si se le puede llamar hogar), igual !que más da! Continuo... Mi padre me empezó a echar de la casa, pues para él un estorbo y carga yo soy, decía que solo era una boca más que alimentar y que obviamente más dinero debía yo generar. En su momento como una de las únicas veces le he contestado, le dije que la música ya no me gustaba y que ya yo no quería cantar más, pero una cachetada y rechazo fue lo que conseguí. Me dijo que yo no era su hija y que de la casa más rápido me debería de ir, pero que igual él no permitiría que yo haga en la vida lo que yo quisiera.
Pocos días después, vi a mi padre hablando con un chico del taller de ornamentación del lado de la casa, se me hizo muy raro, mi padre no era muy hablador con los vecinos, pero igual no dije ni pregunté nada, Tamar me vio que estaba detallándolos y me dijo que más valía que me quedara callada y que la propuesta de mi papá no fuera a rechazarla, no entendí nada en ese momento solo me quede sin palabras.
Hace una semana, vaya sorpresa la que mi papá me dió, con el vecino del lado llegó y me lo presentó, y me dijo que de ahora en adelante yo sería su problema, en ese momento pasó un frío por todo mi cuerpo, en realidad no sabía qué pasaba. Pero bueno aquí estoy, soy la mujer de un hombre de 25 años de edad, al cual mi padre entregó con tal de librarse de mí. Sé que no es la mejor manera en que mi padre se deshiciera de mí, pero como lo dije en algún momento, contra las órdenes y mandatos de mi padre no se puede pelear. Ahora estoy en esta finca con el que ahora es mi marido, estoy trabajando cortando y cargando caña para sacar panela a la venta y así mi nuevo hogar ayudar a mantener.
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